Nongqayi (16-2-1, 6 ko’s) no pudo hacer su pelea metódica, pausada y a distancia con la que venció a Arce hace dos años. En esta ocasión, el “Travieso” no se lo permitió. De hecho, lo abrumó.
Fue tanta la presión que ejerció Arce, que en el mismo primer round tumbo a Nongqayi al rematar con un cruzado de derecha una efectiva serie ofensiva de cuatro golpes.
El dominio de Arce continuó en el segundo round, Nongqayi sentía lo duro y lo tupido y ni sus movimientos de piernas ni sus defensas le alcanzaban para frenar el vendaval ofensivo de su rival.
Ya para el tercer asalto, Arce era el amo y señor del ring. Repitió con ambas manos, varió arriba y abajo, fintó y tambaleó tres veces al sudafricano, quien lo único que pudo hacer fue conectar algunos cabezazos intencionales.
En el cuarto round, Arce quería fajarse y Nongqayi esconderse. En uno de los intentos del “Travieso” por atacar, Simphiwe lo recibió con descarado cabezazo, lo que el réferi Rafael Ramos castigó descontándole un punto y llevo a Arce a revisión médica pues se le abrió un tajo sobre la frente y le creció una cortada en el pómulo derecho.
Cuando el médico dio luz verde, el “Travieso” se motivó fue por él, atacó y no se creyó eso de que el nocaut viene solo. Fue por él, lo buscó. Y lo encontró.
Arce arrinconó a su retador en su propia esquina, le conectó cantidad y calidad de golpes, fue contundente y dobló al sudafricano repitiéndole golpes al abdomen y a las costillas. Nongqayi se dobló, dejó de defenderse y ya no presentaba pelea, por lo que atinadamente, el réferi detuvo las acciones a los 2:01 minutos de ese cuarto asalto, desatando la algarabía de una eufórica afición mexicalense que no paró de alentar a uno de sus héroes boxísticos, con el emocionante grito de “Travieso, Travieso”, reconociéndole la victoria, el esfuerzo, el ímpetu y la trayectoria, por ser el primer mexicano en haber sido campeón mundial en cuatro divisiones.
De esta manera, el “Travieso” cobró venganza por él y por su hermano Francisco, pues a ambos los derrotó Nongqayi, defendió su campeonato mundial y conquistó a la exigente afición mexicalense, que lo recibió como héroe y lo despidió como ídolo.
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